No está el truco en alto cacúmen, ni tampoco en dar cerumen y jabones vanos. Sea vuesa merced tal cual es y hable conciso y claro, no se me convierta en culterano. Use punto a menudo, y punto antes que coma, pero no deje de comer por ello que se le puede ir la perola como al tipo que le pongo que no es otro que el tal Góngora.
| ¡Que feo es el condenado! Narigudo Polifemo enrevesado. |
No cite usted si inmediatamente arriba lo vio, pues ya saben a quien se dirigió. Use predicado con sujeto y pocos epítetos, los crudos mejor que los mas bellos. No me cambie el orden sintáctico y, por Dios, sea breve y claro. Sea usted gorrino antes que gongorino, y mejor que le salga mal y apenado que salir ufano como culterano. No tenga voace miedo, que la gente entiende mejor el hablar plebeyo. Altos doctores puede haber y aún muy educados, pero sin un chiste en su mano son como cuerda sin piano. Y si al hablar de fe no es bueno largar tacos, deje caerlos de vez en cuando, que verán que también es hombre y no monflorita elevado.
No haga copias ni cite sin saber lo que está dejando y dejarlo muy aclarado. Es ese un vicio muy propio de los noviciados, que por no saber leen mucho y todo lo traen pegado cuando es mejor asentallo y dejarlo cocer a fuego lento y algo reposado. Ensacándolo luego con aderezo queda el comensal mejor y más embelesado y todo muy desgustado.
Sea en la devoción varonil y en lo varonil muy delicado, que hay damas en el foro y los demás pueden no estar acostumbrados.
Huya en fin como la peste de los recargantes culteranos, que para decir sí escriben veinte y en para no cuarenta párrafos. Y para que escribir tanto si al final acaban líados y explican el dogma como mesmos demonios luteranos.
En fin, atienda y mucho, que en esto Quevedo está ducho.
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